Deja hablar a tu cuerpo -Alexander Lowen

Ralph Viana (Brasil) dialogo con Alexander Lowen (USA)

Alexander Lowen (1910-2008) es el psicoterapeuta corporal más conocido en todo el mundo, por su amplia cantidad de libros publicados en diferentes idiomas. Es el creador del Análisis Bioenergético junto con John Pierrakos, práctica psicoterapéutica que incluye el cuerpo y su lenguaje en el proceso analítico y cuya tesis básica puede resumirse así: si usted es lo que es su cuerpo y si el cuerpo no cambia, usted tampoco cambia. De una personalidad que vibra e impacta este reportaje fue hecho cuando Lowen contaba con ochenta años. Su vitalidad llama la atención, tiene un color, una flexibilidad, un humor, una capacidad de decisión rarísimos de ver en personas de su edad. Sus ojos azules brillan; se pone de pie con firmeza y relajadamente. Mantiene su encanto juvenil. Es la mejor pieza publicitaria de su psicoterapia.

A fines de noviembre de 1989 Lowen estuvo en Brasil. Ofreció conferencias, coordinó workshops con terapeutas bioenergéticos de diversas partes de América del Sur, “curtió Río”. En ese período conviví cerca de él, asistiendo a sus workshops, acompañándolo a fiestas conversando y entrevistándolo. Aprendí mucho con su sensibilidad, perspicacia, inteligencia y eventual rapidez. Su definición de felicidad “es la consciencia del crecimiento”. Esta frase forma parte de mi ideario y de la decoración de mi consultorio.

En nuestra entrevista, aproveché para rescatar un poco la memoria de Reich, ya que Lowen es uno de los escasos terapeutas que aún pueden hablar de un contacto personal con aquel que fue indiscutiblemente, el precursor de las psicoterapias corporales en occidente, la entrevista y todo el contacto con Lowen fue extremadamente gratificante; lo mismo la dedicatoria que me escribió en uno de sus libros: “Ralph, acepte plenamente la vida”. Eso trato, profesor, lo estoy intentando.

Ralph: Me gustaría que me explicara la relación entre la perspectiva freudiana y la de la terapéutica corporal. En otras palabras, ¿en qué medida la bioenergética es un psicoanálisis?

Lowen: La tradición de la bioenergética viene de Freud y pasa fundamentalmente por Wilhelm Reich, pero muchos cambios ocurrieron en varios conceptos básicos a lo largo de este recorrido. Varias formulaciones de Freud llegaron hasta el trabajo de Reich; las ideas básicas de inconsciente, resistencia, transferencia, represión. En verdad, el problema era el mismo para ambos; como curar a personas que tuvieron problemas emocionales, como fobias, compulsiones, trastornos psicosomáticos, histerias, etc. Reich se interesó por el trabajo freudiano a causa del énfasis que este daba a lo sexual. Reich fue un psicoanalista brillante durante varios años, y su trabajo “Análisis del Carácter” es extremadamente respetado como una contribución importante a la teoría psicoanalítica.

Ralph: ¿En qué puntos hubo rupturas entre las concepciones freudianas y reichianas?

Lowen: Reich se separó de las teorías básicas de Freud en dos niveles. Primero, al investigar y descubrir la función del orgasmo y desarrollar el concepto referente a esta función. Como resultado de sus trabajos, pudo afirmar que las personas que son capaces de una respuesta sexual plena son saludables. Si no eres capaz de entregarte a ese placer es porque hay algún disturbio en tu cuerpo y en tu personalidad. Los analistas no aceptaban esa idea, decían que sus pacientes eran orgásmicos y también muy neuróticos. La cuestión quedó en cómo definir que era orgásmico. Reich definió orgasmo como la capacidad de entregarse plenamente al flujo de los movimientos vegetativos espontáneos en el momento del ápice sexual, que es acompañado por una descarga energética, de modo que todo el cuerpo participe de ese proceso. Y no siempre ocurre esto, muy por el contrario… Hay entregas y descargas parciales, pero lo que los psicoanalistas llamaban potencia orgásmica estaba lejos del orgasmo pleno; tal vez más cerca, en el caso masculino, de la potencia erectiva.

La segunda separación de los conceptos freudianos y reichianos está relacionada con la energía. Originalmente, Freud creía que la libido era una energía. física, pero como no logró medirla, comenzó a considerarla como un concepto mental. Esto no tiene sentido para mí, ni lo tenía para Reich, porque la cantidad de energía que se descarga en el sexo es real y muy grande, y no es un concepto en la cabeza. Reich la investigó durante mucho tiempo, llegando a resultados muy concretos, cuantificables. Vió que esta energía estaba presente en el cuerpo y en la atmósfera y la denominó Orgón (de organismo). Esta es la energía básica de la vida; en mi experiencia con Reich, en sus laboratorios, podíamos ver sus manifestaciones.

La idea de una energía vital es una idea vieja; filósofos orientales, chinos, hindúes, ya hablan de ella. Pero nunca había sido medida. Inclusive las mediciones de Reich nunca fueron consideradas científicas. Creo que es un error mayúsculo pensar que solo la ciencia tiene la verdad. Por ejemplo; no hay instrumento que mida el amor y nadie puede dudar que es una fuerza poderosísima.

Ralph: ¿usted cree en esa energía descubierta por Reich?

Lowen: Yo creo en la existencia de una energía orgánica, por cierto, pero para evitar confusiones, nosotros, los integrantes del Instituto de Bioenergética, la llamamos bioenergía. Queremos observar la cantidad de energía que tiene una persona, y cuanto más tenga, más viva la consideramos. Esto es algo que muestra el cuerpo en los ojos, en la voz, en los movimientos, en el color de la piel. Y también podemos ver como esta energía se mueve por el cuerpo. La energía es qué genera el movimiento, este es un principio de la Física. Estudiamos el cuerpo en términos reichianos.

Nota – Lowen también suele decir: “Me aparté de los reichianos cuando tenía cuarenta años, eran muy dogmáticos y jerárquicos, Yo he creado mi propia terapia cuerpomental y sin embargo me considero más reichiano que los reichianos. Pienso que hago lo que Reich tenía en mente”

Ralph: ¿Cómo se da el pasaje de la intervención terapéutica psicoanalítica esencialmente verbal, hacia la propuesta corporal?

Lowen: Como analista, Reich tomó conciencia de que las personas se expresaban en sus actitudes corporales tanto como en sus palabras. Este fue el comienzo del trabajo corporal; la consciencia de la expresión del cuerpo. Reich observaba, por ejemplo, que los pacientes contenían la respiración cuando hablaban de algún tema, o sea, en verdad estaban conteniendo emociones y sentimientos.

En esta fase, Reich todavía se sentaba detrás de los clientes. Al comenzar a observar estas reacciones, cambió su posición y se volvió más activo en el proceso terapéutico. Ya no era sólo una pantalla de proyección; empezó a estar más en contacto, viendo las tensiones en el cuerpo, el bloqueo en la respiración, el aprisionamiento de los sentimientos e ideas. Llegó a la conclusión de que las personas se expresaban simultáneamente en dos niveles: físico y psicológico. Fue ahí, en este período, cuando yo lo encontré.

Ralph: ¿Cómo trabajó Reich con usted?

Lowen: El énfasis de su trabajo era básicamente la respiración total, soltar la respiración y volver al cuerpo completamente vivo. Si usted consigue hacer eso, se desarrolla un movimiento llamado “reflejo del orgasmo”, que es cuando la pelvis se mueve espontáneamente con la respiración. Y cuando esto ocurre en el acto sexual, se puede tener un orgasmo pleno. Él trabajaba por ahí, me hacía acostar en una cama respirando profunda y libremente, e iba trabajando las tensiones presionando los músculos tensos, y yo iba relajando el cuerpo y ahí, los recuerdos, las memorias, aparecían siendo analizados. Después de tres años de terapia desarrollé el reflejo del orgasmo y fue fantástico, una maravilla… y el fin de la terapia. Este era el criterio de Reich. El problema era, que esto no perduraba toda la vida, no se extendía hacia lo cotidiano…

Uno puede lograr el reflejo del orgasmo ahí, con el terapeuta, pero eso no significa que con la compañera va a suceder lo mismo. Este es un problema energético, porque con una compañera la emoción está mucho más cargada. Una cosa es abrirse, soltar los sentimientos, cuando tu terapeuta te está apoyando y no tenés oposición. Y otra diferente es entregarse, soltar los sentimientos en la vida real, donde están involucradas otras personas, con sus expectativas y pedidos. Esto ocurrió también con otros pacientes de Reich.

Mi primera sesión de terapia con él fue una experiencia que jamás olvidaré. Reich me pidió que me acostara y respirase. Yo vestía apenas un pantalón de baño y tenía la ingenua suposición de que no había nada perturbado en mí. Después de corregir y ampliar mi respiración, Reich dijo: “Lowen, deje caer su cabeza hacia atrás y ¡abra bien los ojos!”. Hice lo que me pedía y…un grito irrumpió en mi garganta. Vacilo en decir que yo grité, simplemente me sucedió ese grito. Dejé la sesión con la impresión de que no estaba tan bien como suponía; existían cosas (imágenes, emociones) en mi personalidad que no me eran conscientes y comprendí que, a través de mi cuerpo, ellas verían la luz.

Quedó muy marcada en mí la impresión de que existía una imagen ligada a aquel grito, una imagen que tenía que mirar. Meses después, en otra sesión ocurrió. Era mi madre, mirándome desde arriba, con una expresión intensa de rabia en sus ojos. Era ese rostro el que me había amedrentado. Reviví la experiencia como si estuviera ocurriendo en el presente. Yo era un bebé de más o menos nueve meses de vida, acostado en la cuna, en el lado exterior de mi casa. Yo estaba llorando muy fuerte, reclamando que viniera mi madre. Ella estaba ocupada dentro de la casa y mi llanto persistente la enervó. Salió furiosa conmigo.

Acostado ahí, en la cima de Reich, con treinta y tres años de edad, vi su imagen y usando las palabras que no podría haber conocido de niño, le dije: ¿Por qué estás tan enojada conmigo? Solo estoy llorando porque te quiero”.

Ralph: ¿Cómo era Reich personalmente?

Lowen: Era un hombre muy poderoso, con mucha energía. En las sesiones uno sentía su fuerza, su apoyo, como un padre muy fuerte que decía: “Tú puedes…” para Reich, el primer paso en el procedimiento terapéutico era conseguir que el paciente respirase más fácil y profundamente. El segundo era movilizar la expresión emocional que fuese más evidente en la cara o en el comportamiento del paciente. En mi caso personal, esa expresión era el miedo. Creo que él no trabajó muy cuidadosamente para resolver todas mis tensiones. A partir del alta, yo tuve que continuar trabajando conmigo. Seguí necesitando…

Ralph: ¿A partir de esos trabajos usted comenzó a desarrollar la técnica de la Bioenergética?

Lowen: Exactamente. A partir de ahí, comencé a desarrollar los ejercicios y técnicas de la Bioenergética para trabajar mis problemas y también los de mis pacientes. Tuve mi primer paciente en 1945, hace casi cien años (risas). En el 47 viajé a Europa para hacer mi carrera de medicina. Cuando volví, cinco años después, tuve dificultades para identificarme con los terapeutas orgónicos que rodeaban a Reich en ese momento. En gran parte, porque habían desarrollado una devoción fanática hacia él y su trabajo, y era considerado una herejía cuestionar sus afirmaciones o modificar sus conceptos en base a la experiencia personal. Quedó claro para mí que esa actitud acabaría por sofocar cualquier trabajo creativo u original. Me aparté entonces de él. En el 53 me asocié al Dr. John Pierrakos y comencé con él un trabajo terapéutico sobre mí en una relación muy arriesgada. En ese trabajo en conjunto sobre mi propio cuerpo fue concebida la Bioenergética. Los ejercicios básicos que utilizábamos fueron primeramente testados en mí; así fui desarrollando la técnica de experimentar en mi propio cuerpo todo lo que pedía a mis clientes. Mi terapia con Pierrakos duró cerca de tres años, y en ese tiempo, desarrollé las posiciones y ejercicios básicos de la Bioenergética.

Con la larga experiencia posterior de trabajo terapéutico, quedó claro para mí que habíamos introducido un concepto de salud que iba más allá del de la potencia orgásmica. No es que aquel estuviera equivocado; no era suficiente.

Desde que reconocemos que el cuerpo es la persona, la salud de la persona tiene que estar reflejada en el cuerpo. Tres aspectos fundamentales muestran la salud: uno es el concepto de gracia en los movimientos, otro es el de belleza en las formas, armonía y el tercero es la vivacidad de la expresión.

Ralph: Reich comenzaba el trabajo con la respiración. ¿Cómo es el proceso de la Bioenergética?

Lowen: Comenzamos por hacer un análisis del cuerpo de la persona. Vamos haciendo luego un trabajo corporal. Las personas llegan con sus problemas y nosotros intentamos ver como esos problemas están estructurados en su cuerpo. Para hacer esa evaluación correctamente es preciso tener mucha experiencia. Observar las tensiones musculares para ver cómo bloquean el flujo de la energía, observar la expresión de los ojos, de la cara, de la boca, los hombros, la respiración, como está de pie la persona, como mueve todo el cuerpo.

Todo el mundo tiene tensiones, algunos más, otros menos. Es por causa de la cultura. Las únicas personas que están libres de tensiones son los integrantes de los pueblos primitivos. Esto refleja cuánto se está en contacto con la vida natural, o alejado de ella. Realmente, el desarrollo industrial sacó a las personas de ese estado natural. En la cultura más técnica y desarrollada es donde aparecen más neurosis y disturbios emocionales.

Ralph: ¿Quiere decir que en las sociedades “civilizadas”, la pérdida de naturalidad está ligada a la pérdida de la capacidad de expresarse libremente?

Lowen: Sí. Expresar los sentimientos: amor, tristeza, miedo, rabia, interés sexual, quiere decir auto-expresión. Mucha gente tiene tantos problemas para expresar sus sentimientos, que llega al extremo de nos sentirlos, no registrarlos. No quieren ver que están tristes, que tienen miedo, que sienten rabia. Cuando sentían eso eran todavía niños y eran castigados o criticados, o rechazados, y eso, claro, tiene que ver con la cultura. Un paso importante es “poseerse”. Tener posesión de sí mismo es la marca de una persona saludable, que sabe lo que siente, sabe expresarse apropiadamente, hace que su vida progrese y consigue llegar cerca de quién ama. En la Bioenergética también comenzamos como Reich, con la respiración. Estimulamos a la persona para que respire más hondo, enteramente. Con frecuencia cuando las personas respiran profundo, aparecen los sentimientos. Muchas personas al comenzar a respirar, comienzan a llorar, o a sentir rabia. Estos sentimientos pueden ser expresados en la terapia. Nosotros también usamos ejercicios para abrir los sentimientos y emociones.

Ralph: ¿El trabajo es acompañado de palabras?

Lowen: La mitad del tiempo. Cuando las personas llegan a los sentimientos comienzan a verbalizar lo que sienten y a indagar y profundizar el origen de sus sentimientos. La terapia es un proceso de descubrimiento de sí mismo. Los analistas intentan hacerlo a través de la asociación libre, pero eso es muy superficial. Como el cuerpo es la persona, en la medida en que usted hace contacto con el cuerpo, siente a la persona profundamente. Dos propuestas teóricas aparecen en ese punto: una, que el inconsciente es aquella parte del cuerpo que no sentimos. Tenemos algunas partes del cuerpo que nunca sentiremos. A veces podemos sentir el corazón cuando nos apasionamos, por ejemplo; pero la mayoría de las veces no lo sentimos. No sentimos mucho la barriga, pero cuando enfermamos, la sentimos. No sentimos el funcionamiento de los riñones, de las glándulas endócrinas y varios otros órganos. Todo esto queda debajo del nivel de la consciencia. Naturalmente, la consciencia es un fenómeno de superficie, porque ella se da en el límite del organismo con el mundo. Pero en la medida en que podemos ahondar en el inconsciente. Y, cuando los sentimientos se hacen fuertes, podemos sentir más profundamente y estar en contacto con el cuerpo en sí.

Otra clave para comprender el ser humano es el concepto de espíritu como la fuerza en la persona que se mueve, en oposición a la fuerza externa que actúa en la persona para moverla. Por ejemplo, en el amor, usted no puede hacer sentir amor, este es un sentimiento suyo, que viene de su interior y que es un resultado de su corazón o de su espíritu, que va hacia fuera para hacer contacto. Y esto es válido para todas las emociones. Usted no puede tener rabia apretando un botón en el cerebro, o estar triste, o con miedo. Esto no quiere decir que usted no use el cerebro, pero el cerebro funciona para darnos consciencia, no para programar la acción. Por ejemplo, en el arte Zen del Kyudo, el arquero no tiene como objetivo tirar la flecha sino dejar que eso se haga por sí mismo. El problema con los hombres de hoy es que están programados y entonces pierden espontaneidad y habilidad para sentir intensamente y actuar naturalmente, pierden la gracia, se vuelven máquinas que producen y quedan con muy poco contacto con otras personas.

Ralph: En relación con la cultura, en tiempos de Freud la cuestión fundamental era la histeria y lo que vemos hoy es que la cuestión predominante, el problema más frecuente, es el del narcisismo. ¿Podría hablarnos un poco sobre esto?

Lowen: Para entender bien la diferencia, usted tiene que mirar cuidadosamente las dos culturas. En la época de Freud, la cultura era victoriana y, en ese tiempo, hablar de sexo era un tabú. Para tener una idea, en 1962, publiqué mi segundo libro: “Amor y Orgasmo”. Y las librerías tenían miedo de exponerlo, por su título. Mis clientes, cuando lo compraban, forraban la portada escondiendo su título. Esto le da una buena idea de cómo cambian las cosas. Lo que observamos es que en la época victoriana las personas también eran sexuales. La diferencia es que eso no era abierto, estaba todo muy velado; por eso mismo estaba más cargado de sentimientos. Hoy el sexo es abierto, más libre, pero se perdió el sentimiento, inclusive la excitación sexual. El sexo quedó más como una “performance”, más ligado a la actuación y el desempeño, más machista. Esta es una cultura dominada por la imagen, por eso la llamamos narcisista. Esto es también resultado de la influencia de los medios de comunicación, sin duda.

Otra diferencia entre las dos culturas es el tipo de trastorno físico que las personas tenían y tienen ahora. En la época de Freud, en el final del siglo XIX, la enfermedad típica era la tuberculosis y ahora el cáncer. Hay una diferencia enorme entre una y otra, aquellas personas tenían sentimientos, pero estaban reprimidas, la represión pasó, pero los sentimientos se perdieron, por esto las personas están muriendo de cáncer.

Ralph: ¿Existe un tiempo medio de duración de la terapia Bioenergética?

Lowen: Cuando la persona entra en contacto consigo misma continúa en el proceso de hacer ejercicios y otras cosas que la ayudarán. La mayor parte de la terapia no formativa es hecha a través de encuentros semanales. Hay personas que la hacen hasta una vez al mes, por no tener fácil acceso o suficientes recursos, pero la frecuencia es de una vez por semana. Nosotros estimulamos al paciente a trabajar en casa. Es interesante, yo tuve clientes que después de seis encuentros ya habían cambiado mucho, en buena parte porque habían hechos los ejercicios solos. Por otro lado, usted nunca termina, porque asume un compromiso con su salud, con la salud de su cuerpo.

Ralph: en la concepción reichiana existe un momento de cura, en que los segmentos están desbloqueados y la persona alcanza una faz caracterológica genital. ¿Existe una meta como esta para la Bioenergética?

Lowen: Lo que yo entiendo hoy es que no se puede curar a nadie cien por ciento. La Bioenergética no promete eso. Uno puede ayudar al paciente a ser más libre, a tener más energía, a sentir más placer y disponer de una capacidad mayor de funcionar bien. La clave es tener más placer y alegría en la vida y ampliar el sentido de sí como persona en el mundo. Este sentido se vuelve más fuerte cuanto más fuerte se vuelve la experiencia espiritual, porque a partir de ahí, uno no sólo está en total contacto consigo mismo, sino también en contacto con las personas de una forma que no es usual.

Adaptación Gerardo Provenzano Bonilla a reportaje realizado para la revista “UNO MISMO” (1989)

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