En honor de Ronald Daniel Laing ( 7/10/1927 – 23/08/1989 )


Voy a escribir unas frases para reflexionar, sentir y actuar de este gran psiquiatra y antipsiquiatra  escocés con catorce libros publicados y una vida dedicada al viaje de la psico-espiritualidad existencial y experiencial. Es interesante tener en cuenta la actualidad  vigente de estos pensamientos ya que fueron publicadas en el libro “The politics of experience” en el año 1967. Unos años donde todo parecía tener más libertad y “existía la imaginación al poder”…

Personas y experiencia

“Nadie puede empezar a pensar, a sentir, a actuar, a no ser que lo haga partiendo del punto inicial de su propia alienación”

“Todos somos asesinos y prostitutas, y no importa a qué cultura, sociedad, clase o nación pertenezcamos, ni lo normal, moral o maduro que uno pueda considerarse.”

“Somos criaturas confundidas y enloquecidas, extraños a nuestra verdadera identidad, a los demás, al mundo material y espiritual; incluso dementes, desde un punto de vista ideal que podemos vislumbrar pero no adoptar.

Hemos nacido en un mundo donde nos aguarda la alienación. Somos hombres en potencia en un estado alienado, que no es el sistema natural. La alienación, como nuestro destino presente, se obtiene solo mediante una injuriosa violencia perpetrada por los seres humanos contra los seres humanos”

“En nuestros días, la importancia de Freud, radica en su conocimiento y, en gran medida,, en su demostración de que la persona común es un fragmento arrugado y disecado de lo que una persona puede ser. Como adultos que somos, hemos olvidado gran parte de nuestra infancia, y no solo su contenido sino también su sabor; como hombres del mundo, apenas conocemos la existencia del mundo interno; no recordamos casi nada de nuestros sueños, y les otorgamos poco sentido si es que alguna vez lo hacemos; en cuanto a nuestros cuerpos, retenemos solo las sensaciones propioceptivas suficientes para coordinar nuestros movimientos y para asegurar las necesidades mínimas para la supervivencia biosocial: registrar cansancio, señales para la comida, sexo, defecación y sueño; detrás de todo esto,  poco o nada.

Nuestra libertad de pensar, excepto en aquello por lo que nos hacemos ilusiones creyendo que es de nuestro propio interés, y de acuerdo con nuestro sentido común, está tristemente limitada: incluso nuestra capacidad de ver, oír, tocar, gustar y oler está tan oculta bajo los velos de la mistificación que todos necesitaríamos una educación intensiva para desaprender, antes de que pudiéramos empezar de nuevo a experimentar el mundo con inocencia, sinceridad y amor.”

“Muchos de nosotros no sabemos, o no creemos, que cada noche penetramos en zonas de realidad en las que olvidamos nuestra vida de vigilia, tan frecuentemente como olvidamos los sueños una vez que estamos despiertos: No todos los psicólogos conocen la fantasía como una forma de experiencia, ni como trauma de los diferentes modos experimentales. Los que conocen la fantasía creen que ésta es lo más remoto a que puede llegar la experiencia bajo circunstancias “normales”. Más allá de todo ello se hallan, simplemente, las zonas “patológicas” de las alucinaciones, espejismos fantasmagóricos e ilusiones.

Este estado de cosas representa un deterioro casi increíble de nuestra experiencia. Por ello, es inútil hablar de madurez, amor, placer y paz.”

“Lo que nosotros llamamos “normal” es producto de una represión, negación, disociación, proyección, introyección, y de otras formas de acción destructiva en la experiencia. Está radicalmente alejada de la estructura del ser.”

“Cuanto más observamos esto, vemos que cada vez es más absurdo continuar con descripciones generalizadas de “mecanismos” supuesta y específicamente, esquizoides, esquizofréncos e histéricos.”

“Hay formas de alienación que son relativamente extrañas a las formas de alienación estadísticamente “normales”. La persona alienada “normalmente” se la considera sana, por el hecho de que, más o menos, actúa como los demás. Otras formas de alienación que se salen del estado de alienación predominante son las que la mayoría “normal” califica de malas o locas.

La condición de estar alienado, dormido, inconsciente, de estar fuera de la propia mente, es la condición del hombre normal.

La sociedad valora en gran manera a su hombre normal. Educa a los niños para que se pierdan a sí mismos y para convertirlos en absurdos, y, de este modo, en personas normales.

Los hombres normales han matado quizás unos cien millones de semejantes normales en los últimos cincuenta años.

Nuestro comportamiento es una función de nuestra experiencia. Actuamos según la manera en que vemos las cosas.

Si nuestra experiencia está destruida,  nuestro comportamiento será destructivo.

Si nuestra experiencia está destruida, hemos perdido nuestro Yo”.

“Si estamos desnudos de experiencia, si estamos desnudos de acciones y si, para decirlo de alguna manera, nuestras acciones son arrancadas de nuestras manos como juguetes de las manos de los niños, estaremos despojados de nuestra humanidad. No podemos ser engañados. Los hombres pueden destruir y destruyen la humanidad de otros hombres, y la condición para que se dé dicha posibilidad es que seamos interdependientes. No somos mónadas autosuficientes que no producen efecto alguno sobre otras personas a excepción de nuestros reflejos. Los otros hombres nos influyen o cambian para bien o para mal; como también somos agentes que actuamos sobre los demás afectándoles de distintas maneras. Cada uno de nosotros es un paciente-agente y un agente-paciente que inter-experimenta e interactúa con sus compañeros.”

“Tampoco somos capaces de pensar adecuadamente sobre la conducta que está en el extremo aniquilador. Pero lo que pensamos es menos de lo que sabemos; lo que sabemos es menos de lo que amamos; lo que amamos es mucho menos de lo que existe. Y en este punto, nosotros somos muchísimo menos de lo que somos.”

“Físicamente todos estamos relacionados y, al mismo tiempo, separados los unos de los otros. Las personas, como seres provistos de cuerpo, se relacionan las unas con las otras a través del espacio. También estamos separados y unidos por nuestras diferentes perspectivas, educación, vivencias, organización, lealtad a un grupo, afiliaciones, ideologías, intereses de clases socioeconómicos y temperamento. Estas “cosas” sociales que nos unen son, al mismo tiempo, cosas y ficciones sociales que se interponen entre nosotros. Pero, ¿y si pudiéramos despojarnos de todas las exigencias y contingencias y manifestarnos los unos a los otros con nuestra presencia desnuda? Y si te lo sacaras todo, toda la ropa, los disfraces, las muletas, los afeites y las pinturas, incluso los proyectos comunes y los juegos que nos proporcionan pretextos para disfrazar las oportunidades como si fueran encuentros; y si pudiéramos encontrarnos, si sucediera esta feliz coincidencia de seres humanos; ¿qué nos separaría entonces?

Finalmente, y por primera vez, dos personas con nada entre ellas. Nada entre nosotros. Ninguna cosa. Lo que está “entre” no puede ser mencionado  por ninguna de las cosas que se interponen. En sí, el entre no es nada.”

La experiencia psicoterapéutica ( London 1964 )

“Los elementos irreductibles de la psicoterapia son un terapeuta, un paciente, y un lugar y tiempo seguros y constantes. Pero, una vez se obtiene esto, no resulta fácil que dos personas se encuentren. Todos vivimos con la esperanza de que este auténtico encuentro entre seres humanos llegue as suceder. La psicoterapia consiste en llegar a despojarnos de todas estas resistencias que hay entre nosotros, apoyos, máscaras, roles, mentiras, defensas, ansiedades, proyecciones e introyecciones, en resumen, de todo lo que arrastramos del pasado, transferencia y contra-transferencia, y que utilizamos por hábito y colusión, a propósito o involuntariamente, como un tributo que hemos de pagar para conseguir relacionarnos. Este tributo y esos intermediarios intensifican y vuelven a crear las condiciones de alienación que, en un principio, los originó.

La característica contribución del psicoanálisis ha sido la de sacar a la luz estas imposiciones, residuos y repeticiones compulsivas. Actualmente, la tendencia entre los psicoterapeutas y psicoanalistas no es ya la de focalizar el tratamiento solamente en la transferencia y en lo que ha sucedido anteriormente, sino en lo que nunca ha ocurrido, en lo que es nuevo. Así, en la práctica, las interpretaciones para descubrir el pasado o, incluso, para descubrir el pasado en el presente, se utilizarán sólo como una táctica y, en teoría, se realizarán esfuerzos para comprenderlo mejor y para encontrar palabras para los elementos de la no-transferencia en la psicoterapia. El psicoterapeuta debería permitirse actuar espontánea e impredictiblemente. Puede empezar a desorganizar activamente las viejas pautas de experiencia y comportamiento, al mismo tiempo que refuerza otras nuevas. Hoy en día, se habla de terapeutas que dan órdenes, ríen, gritan, lloran y se levantan, incluso de su silla sagrada. El Zen, con su énfasis en la iluminación obtenida a través de lo imprevisto y repentino, tiene una influencia creciente. Evidentemente, tales técnicas, en manos de un hombre que no tenga interés y respeto constantes por el paciente, podrían resultar desastrosas. Aunque se puedan sentar algunos principios generales de estas manifestaciones, su práctica todavía sigue estando, y ha de estarlo siempre, reservada al que posea una autoridad excepcional y gran capacidad de improvisación”

“Lo que realmente es importante en la teoría y en la práctica es la relación entre las personas. Las personas se relacionan entre sí a través de su experiencia y de su comportamiento.”

“La terapia del comportamiento es el ejemplar más riguroso de una teoría y práctica esquizoides, y propone pensar y actuar en términos del otro, sin hacer referencia al Yo del terapeuta o del paciente, en términos de comportamiento sin experiencia, de objetos más que de personas. Por consiguiente, dicha terapia no es más que una técnica de no-encuentro, de manipulación y de control.

La psicoterapia debe seguir siendo un intento obstinado de dos personas para recuperar la totalidad del ser humano a través de la relación entre ellas.

Cualquier técnica interesada en el otro sin el Yo, en el comportamiento pero excluyendo la experiencia: en la relación , olvidando las personas que mantienen esa relación: en los individuos excluyendo su relación: y sobre todo, en un objeto-ser-para-ser-cambiado, más que una persona-para-ser-aceptada, perpetúa la enfermedad que pretende curar.”

La mistificación de la experiencia

“A veces podemos observar un destello de honestidad. Por ejemplo, cuando “tenemos, en cuenta a la sociedad más que al individuo, vemos que cada sociedad tiene un interés vital en la enseñanza de los niños, que constituyen sus nuevos reclutas”

“¿Adaptación a qué? ¿A la sociedad? ¿A un mundo que se ha vuelto loco?

La función de la familia es reprimir el Eros; producir una falsa conciencia de seguridad; negar la muerte evitando la vida; destruir la trascendencia; creer en Dios, pero no experimentar el Vacío; en resumen, crear el hombre unidimensional; fomentar el respeto, la conformidad y la obediencia; evitar que los niños jueguen; provocar el miedo al fracaso; promover el respeto al trabajo; promover el respeto a la respetabilidad.

“El ego es, por definición, un instrumento de adaptación”

“La familia es, en primer lugar, el instrumento más corriente para la llamada socialización, es decir, para que cada nuevo recluta de la raza humana se comporte y experimente sustancialmente, del mismo modo que aquellos que ya están inmersos en la sociedad. Somos todos los hijos caídos de la Profecía, que han aprendido a morir en el Espíritu y a renacer en la carne.

Esto se conoce también como el vender el propio derecho al nacimiento por un plato de lentejas.”

“Lo que debe hacer la escuela es conseguir que los niños quieran pensar del modo que la escuela quiere que lo hagan”

“Lo más difícil es del mundo es ver estas cosas en nuestra propia cultura”

La experiencia esquizofrénica

1) un viaje de lo externo a lo interno

2) de la vida a una especie de muerte

3) de un avanzar a un retroceder

4) de un movimiento temporal a un descanso temporal

5) de un tiempo mundano a un tiempo eónico

6) del ego al Yo

7) de un estar fuera (post- nacimiento) a regresar al vientre de todas las cosas (pre-nacimiento)

y luego un viaje de retorno desde

1) lo interno a lo externo

2) de la muerte a la vida

3) desde el movimiento hacia atrás al movimiento hacia delante

4) de la inmortalidad otra vez a la mortalidad

5) de la eternidad hacia el tiempo

6) del Yo a un nuevo ego

7) desde un engendramiento cósmico a un renacimiento existencial

“Este proceso podría ser el que todos necesitamos,  de una forma u otra.”

La experiencia trascendental

“Entre los médicos y los sacerdote, debería haber guías que pudieran conducir a las personas desde este mundo hacia el otro. Es decir, que las introdujeran en él y que, después, las devolvieran aquí otra vez.

Uno penetra en el otro mundo rompiendo una concha: a través de una puerta, a través de una separación; las cortinas se descorren; se ha levantado un velo”

“El ego es el instrumento que tenemos para vivir en este mundo. Si se rompe o se destruye (a causa de las contradicciones insuperables de ciertas situaciones vitales, por las toxinas, cambios químicos, etc.) entonces la persona se encuentra abandonada a otros mundos, “reales” pero de modo distinto al territorio familiar de los sueños, la imaginación, la percepción o la fantasía.

El mundo en el que uno penetra, por la propia capacidad de experimentarlo, parece estar condicionado, en parte, al estado del “ego”.

Nuestra era se ha caracterizado, más que por cualquier otra cosa, por una necesidad de controlar le mundo externo, y por un olvido, casi total del mundo interno.”

“Hoy en día, la cordura parece descansar en la capacidad para adaptarse al mundo externo, al mundo interpersonal y al reino de las colectividades humanas.

Desde el momento en que este mundo humano externo está casi completa y totalmente alejado del interno, cualquier conocimiento personal directo del mundo interno comporta graves riesgos”

“En efecto, el psicoterapeuta tradicional desempeña, a menudo, el rol de ciego que guía al tuerto.”

“En nuestra época, todo está encaminado a categorizar y segregar esta realidad de los hechos objetivos. Esta es, precisamente, la pared de hormigón. Intelectual, emocional, interpersonal, organizativa, intuitiva y teóricamente, hemos de abrirnos camino a través del sólido muro, incluso don el riesgo de provocar el caos, la locura y la muerte. Porque desde este lado de la pared, el riesgo es éste. No existen garantías ni seguridad alguna.”

“Todo resulta equívoco desde el comienzo alienado de nuestra pseudocordura. Nuestra cordura no es una “verdadera” cordura. Su locura no es una “verdadera” locura. La locura de nuestros pacientes es un artefacto de la destrucción que desplegamos sobre ellos, y que ellos mismos se inflingen. Eso no quiere decir que haya más “verdadera” locura que verdadera cordura. La locura que encontramos en los “pacientes” es un burdo disfraz, una burla, una caricatura grotesca de lo que debería ser el resultado natural de esta integración enajenada que llamamos cordura .La verdadera cordura ocasiona, de un modo u otro, la disolución del ego normal, de este falso Yo perfectamente adaptado a nuestra realidad social alienada: la aparición de los mediadores arquetípicos “internos” del poder divino y a través de esta muerte un renacimiento, un re-establecimiento eventual de un nuevo tipo de funcionamiento del ego, que ahora sería el siervo de lo divino, y no su traidor.”

Compilación y extractos

Gerardo Provenzano Bonilla 08/10

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